domingo, 20 de septiembre de 2015

¿Qué debe traer Santos de encuentro con Maduro?

Hay puntos mínimos sin los cuales habría que calificar la cumbre como un fracaso, pero hay otros que aunque difíciles son posibles de lograr y significarían un éxito en la superación de la crisis fronteriza
Finalmente se producirá mañana el encuentro entre los presidentes Juan Manuel Santos y Nicolás Maduro para buscarle solución a la crisis fronteriza.
De la cita binacional, que se realizará en la sede presidencial de Carandolet, Santos tiene que levantarse de la mesa con algo más que la foto, como él mismo lo ha dicho.
Entre lo mínimo que debe traerse el jefe de Estado colombiano está el compromiso del Gobierno venezolano de cumplir los protocolos internacionales en materia de deportación. Es evidente que las autoridades del vecino país atropellaron a los más de 1.500 colombianos que expulsaron en las últimas tres semanas, pues no se les sometió a procesos migratorios individuales ni tampoco hubo respeto al debido proceso.
De otra parte, es legítima la aspiración a que Caracas se comprometa a compensar las pérdidas sufridas por los deportados y desplazados, así como la vía libre para que los camiones que permanecen parqueados de este lado de la frontera puedan ingresar a ese país y terminar de traer los enseres y pertenencias que dejaron los deportados y más de 13.000 personas que prefirieron regresar al país por miedo a ser expulsados, expropiados y sus casas demolidas.
Junto a lo anterior, es necesario flexibilizar los controles para el tránsito, así sea a pie, de millares de personas que están trabadas en el paso fronterizo, fueron separadas de sus familias o no han podido trabajar ni estudiar en ambos lados.
Colombia también ha de buscar que Venezuela acepte consultar y concertar como buen vecino medidas como las adoptadas.
Pero más allá de lo mínimo, sería deseable que se lograra acordar la reactivación de las instancias de coordinación de políticas bilaterales en la zona de frontera, con el fin de que éstas comenzaran el análisis de cada una de las problemáticas que azotan la zona, como el contrabando de gasolina, alimentos y víveres, el neoparamilitarismo, el tránsito guerrillero, la corrupción de autoridades fronterizas de ambas naciones, el alto número de personas con estado migratorio ilegal, informalidad cambiaria, entre otros.
Incluso sería aconsejable que ambos gobiernos acordaran, por ejemplo, que un tercer país, como Ecuador o Uruguay, hiciera las veces de veedor imparcial para garantizar que los compromisos se cumplan de lado y lado, y en caso contrario señalar a la nación que esté fallando.
Tras ello, entonces debería fijarse un cronograma a muy corto plazo -aunque debería ser inmediato- de reapertura gradual de los pasos fronterizos cerrados por Venezuela, con miras a una normalización en poco tiempo del intercambio humano, social y económico en los departamentos y estados fronterizos.
Pero se podría ir mucho más allá. ¿Qué tal si por fin, después de décadas de crisis recurrentes en la zona limítrofe, se pudiera acordar una política integral de frontera de índole binacional, estructurada, de largo plazo y, sobre todo, con vocación estatal, es decir que no dependa de las coyunturas y discrecionalidades de los presidentes y gobiernos de turno?
Maduro mismo propuso hace algunos días que siendo evidente que la metodología de asignar cupos de gasolina venezolana que se pueden vender en zonas de frontera con Colombia no ha funcionado y por ello se han consolidado las mafias del contrabando de combustibles, Pdvsa podría instalar expendios en zonas colombianas, con lo que se combatiría de manera más eficaz a las redes criminales e incluso a los llamados ‘pimpineros’. Igual podría hacerse con la comercialización de alimentos y productos de primera necesidad o incluso se podría establecer algún mecanismo de nivelación o compensación cambiaria.
Es más, se podría pensar en figuras de zonas francas binacionales, por ejemplo.
Hasta en el tema de la seguridad y la presencia de grupos criminales se podrían activar instancias de coordinación en su combate, tanto desde el punto de vista operativo como judicial, que permitan desvertebrar las redes delincuenciales a lado y lado de la frontera.
Como se dijo, más allá de la crisis humanitaria de los últimos treinta días desatada por Caracas así como de los pulsos geopolíticos que ambos gobiernos jugaron en ese lapso, tanto a nivel interno, bilateral e internacional, lo cierto es que la crisis en la frontera es estructural y no se va a solucionar ni con una foto y un abrazo de los presidentes de turno, como tampoco con las bravuconadas a que está acostumbrado el presidente Maduro.

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