sábado, 12 de septiembre de 2015

Palabreros wayús buscan mediar en crisis fronteriza

Esta persona es la encargada de llevar peticiones de la parte ofendida hasta los agresores.

 
Venezuela ha extendido un cierre parcial frontera con Colombia y envió otros 3.000 soldados a la zona de Paraguachón.

“Les pedimos por favor que lleguen a un entendimiento y que nos ayuden. Los Wayuu no tenemos nada: ni carreteras, ni agua ni alcantarillado, dependemos de las dos naciones y por eso debemos ponernos de acuerdo”, el mensaje es de Sergio Cohen Epiayu, uno de los palabreros wayuu de máxima autoridad en la zona fronteriza de La Guajira y Venezuela.
Sergio hace parte de una junta de palabreros Wayuu que se reunieron ayer en Maicao (La Guajira) para analizar la situación y hacer un pronunciamiento conjunto a los gobiernos venezolano y colombiano para que se abra la frontera, “Los Alijuna (no wayuu) primero hacen las cosas sin agotar el diálogo. Con pelear no se saca nada”, dice el hombre que usa gafas oscuras, porque perdió la visión en un accidente.

El palabrero Wayuu es un intermediario de la comunidad indígena. Encargado de llevar peticiones de la parte ofendida hasta los agresores, para solucionar un conflicto. Y están envestidos de una gran autoridad entre los indígenas, gracias a la seriedad y preparación que les da la experiencia para enfrentar cualquier problema que altere la paz entre las familias de la comunidad.
Ahora ha ofrecido sus servicios para limar la crisis entre ambas naciones, que estalló tras un atentado que sufrieron tres miembros de la Guardia Nacional venezolana en la ciudad de San Antonio a manos de desconocidos, y por el que el presidente Nicolás Maduro cerró primero la frontera con Norte de Santander el pasado 19 de agosto, luego decretó un estado de excepción para el estado Táchira tras el que retornaron al país 15 mil Colombianos, y le sumó un nuevo cierre fronterizo entre el estado Zulia y La Guajira el pasado lunes.
Desde que comenzó el conflicto por el cierre de la frontera en La Guajira, los wayuu han sido los más afectados, pues no reconocen límites y reclaman su derecho ancestral a la libre movilidad entre ambas naciones.
María Josefa Paz Epiayu cuenta que desde el cierre hubo muchos indígenas que regresaron desde el país vecino para evitar malos tratos de la Guardia y el Ejército venezolano, y le duele saber que están dejando tirados sus ranchos, que levantaron con mucho trabajo.
La Nación Wayuu, como la denominan, la conforman unos 700.000 habitantes que ocupan 15.300 kilómetros cuadrados en La Guajira, y 12.000 kilómetros cuadrados en el Estado Zulia, Venezuela.
En la ranchería Koushorojuna del clan Apushana, en la zona desértica de Paraguachón, habitan 15 familias que dependen del comercio en la frontera. Katy González cuenta que ellos comercializan con la compra y venta de chivos, “esto ha sido lo que hemos hecho toda la vida, nadie nos puede bloquear nuestros caminos, porque siempre vamos a encontrar otro”, dice.
Solo hasta ayer al mediodía, cuando se instaló una mesa con una mujer wayuu encargada de certificar que eran sus paisanos los que pedían pasar, la Guardia venezolana les mantuvo restringido el paso al país vecino a los indígenas por la vía de Paraguachón, por lo que debieron buscar las trochas para pasar de un lado a otro desde el lunes.
De ahí viene el dolor del palabrero. “Son para nosotros ambos países nuestras madres, entre las dos partes estamos los wayuu, por eso los primeros afectados por esta medida trágica son los wayuu, que vivimos en la frontera”, subraya el hombre, que es considerado por su pueblo como mensajero de la paz ,de la comprensión y el entendimiento. "Tenemos que tolerar para poder salir de un problema, a los presidentes se les olvida que son elegidos por un pueblo para buscar la calidad de vida, no para pelear".
Los palabreros ofrecieron la milenaria experiencia para la búsqueda de la armonía entre los dos Estados aclarando que no jueces ni árbitros entre los dos gobiernos, sólo mensajeros sencillos, transitorios y solemnes de palabras de paz. “Estamos convencidos que la estética es un principio rector de las transacciones humanas. En consecuencia, el diálogo deberá tejerse con la aplicación y destreza con que nuestras mujeres artesanas elaboran una preciosa mochila y ser tan armónico como un delicado collar.

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