domingo, 23 de agosto de 2015

RECORDANDO A “ALVARITO” OROZCO
HERNAN BAQUERO BRACHO


La historia de Villanueva, siempre estará entrelazada a la vida de Enrique Orozco Dangond o conocido cariñosamente como “Enriquito” Orozco. Por todo lo que sucedió a su alrededor en esa época gloriosa de la Villanueva de antaño. “Enriquito” fue famoso primero en los cantos de Escalona… más tarde como el mejor de los anfitriones que tuvo la región: El gallero por excelencia que dio está tierra de promisión. Allí en su casa a todos los galleros que venían de lejos y de cerca a esos dos de febrero inmemorables en la historia de Villanueva con ocasión  de la conmemoración de las fiestas patronales de la Virgen de la Candelaria, fiestas que hoy quedaron en esos recuerdos imborrables de esa Villanueva de ayer y él los atendida con profunda devoción.
Los galleros llegados de todas partes: de Panamá, Republica Dominicana, Venezuela, Puerto Rico, Bogotá, Montería, Sincelejo, Santa Marta, Riohacha, Valledupar, entre otros, atraídos por ese imán que representaba la figura gallarda de ese conservador amigo de Laureano Gómez, “Enriquito” Orozco. Después de la concentración en la casa de este ilustro villanuevero, los cogía la madrugada cantándole al amor amor en noches de luna llena. Las notas de Emiliano el viejo y de Alejandro Durán    se sentían por doquier. Su fama llegó a toda la sabana con su gallo “La Mecedora”  que se volvió imbatible en todas las concentraciones gallísticas. Ya “Enriquito” era reconocido  como uno de los mejores galleros de Colombia. “La Mecedora” y “El Guere- Guere”, fueron dos gallos famosos que tuvo toda la región. La historia de ellos ha quedado plasmada en los anaqueles de la crónica y el periodismo.
“Enriquito” Orozco Dangond, se casó con la dama villanuevera de las más distinguidas de la entonces sociedad de este pueblo: Socorro Martínez Quintero. De cuya unión nacieron Álvaro, José, Carmen, Enrique, Guillermo, “La Chacha” y Alfonso Orozco Martínez. El espíritu trabajador de “Alvarito” y José  lo mostraron a corta edad. Se fueron posicionando en el sector agrícola y ganadero en el municipio de Codazzi, departamento del Cesar, que era ya conocido como la capital del oro blanco, como factor predominante de la siembra del algodón. Los dos hermanos ya eran reconocidos como pioneros de este reglón de la economía y gozaban del aprecio y el cariño de toda la comarca.
En el año de 1969, recibe “Alvarito” Orozco, una de las noticias que más lo afectaron sentimentalmente. La muerte de su hermano José, en un trágico accidente  entre Codazzi y La Paz, cuando venía a su pueblo natal a gozar de las festividades donde amenizaba el legendario Alfredo Gutiérrez, que ese entonces era el conjunto de moda, donde el vallenato comenzaba a incursionar en toda la provincia.
Desde ese momento “Alvarito” Orozco, se convierte en el bastión de su núcleo familiar. Fue un hombre trabajador, soñador, honesto, lleno de vida, se vuelve más exigente consigo mismo y más exitoso cada día en el campo agrícola y ganadero.  Lo primero que hizo fue  darle la educación a sus sobrinos y hacerse cargo de la viuda de su hermano. Pero ahí no para la cosa, también se convierte en el padre putativo de sus hermanos. A todos los educa, a unos en el exterior y a otros en su Colombia del alma. Cada día la prosperidad lo convirtió en unos de los hombres con mayor fortuna en el departamento del Cesar. Producto de su laboriosidad, de su disciplina en sus empresas familiares, llega a la junta directiva de “Coral”, que fue la máxima agremiación de los algodoneros de la época y se convierte en su presidente. En “Coral” mostró “Alvarito” Orozco, su personalidad, su honestidad y el pulso no le tembló cuando denunció un escándalo por unos vehículos importados en esas calendas. El junto con mi padre Ospicio Baquero Herrera, “Goyo” Orozco y “Juancho” Dangond, le demostraron al país que en esta sección había hombres de temple, que no les temblaba el pulso para anunciar actos de corrupción.
Ya “Alvarito” Orozco, era un hombre más admirado en su región. Ya no solamente educaba a sus hermanos, sino a varios de sus sobrinos que no disponían de los recursos económicos para cursar estudios superiores. Sin proponérselo se había convertido en el eje familiar. Este hombre unamuniano  de carne y hueso, y no mera abstracción sociológica fue un pedestal de ese humanismo gratificante por excelencia. Sus éxitos empresariales le dieron la oportunidad de ser un hombre bondadoso, no egoísta. A todos ellos les entregó la mejor herencia que se le puede dar a un ser humano: educación. Ellos  le pagaron bien,  y ese legado y esos sentimientos se hicieron sentir el día de su muerte: un cuadro familiar digno de admirar y digno de imitar cuando le daban su último adiós y las nostalgias se hicieron sentir por el hermano y el tío querido por todos.
Hombres como “Alvarito” Orozco engrandecen la patria. Fue un buen villanuevero, padre de los mejores y familiar y hombre de bien de los pies a la cabeza.  Honesto a toda prueba, triunfador y forjador de ideales, que lo hacen sentir a uno  orgulloso de ser villanuevero. La impronta de “Alvarito” Orozco Martínez siempre debe ser consultada por todo lo que fue y representó para la gente de bien. 

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