Partido de vuelta Liga Águila 2015-1 (7:00 p.m., por Win)
Medellín-Cali: el duelo final
Tras seis años sin conseguir un título, el Independiente Medellín buscará hoy su sexta estrella. Con el apoyo de su gente va por la remontada. Ya son 10 años los que han pasado y el Deportivo Cali no ha vuelto a ganar un título de Liga. Aunque gana la serie 1-0, los del “Pecoso” no se confían.
Los trucos de Hernán Hechalar, el mago del balón
A pocas horas de que ruede el balón en el partido de vuelta de la final de la Liga Águila, a Hernán Hechalar lo invaden los recuerdos. Desde que tuvo uso de razón sabía que había nacido para jugar fútbol. En su hogar se respiraba un profundo amor por el Club Atlético Belgrano, el equipo más popular de Córdoba, una ciudad ubicada en el interior de la República Argentina.
Cada domingo, el pequeño Hernán y toda su familia acudían sin falta a ver los partidos que Belgrano jugaba como local en el estadio Julio César Villagra. Fue allí, en la casa del conjunto “pirata”, como la hinchada le dice cariñosamente a este equipo, donde Hernán quedó deslumbrado con la manera en que los jugadores dominaban el balón y la facilidad con la que ejecutaban gambetas y quiebres de cintura. Sin embargo, había un momento que Hernán consideraba realmente especial: el rugido que salía desde las tribunas del estadio cada vez que se anotaba un gol. Por eso, al disputar un partido con amigos del barrio o en los descansos del colegio, emulaba los movimientos de sus héroes dominicales y celebraba de la misma manera que ellos.
Con el paso del tiempo, a Hechalar le quedó pequeño el fútbol barrial y colegial, por eso ingresó rápidamente a las inferiores del Belgrano. Pasó por todas las categorías infantiles y luego a las juveniles. Su sueño de vestir la camiseta del “pirata” de manera profesional estaba cada vez más cerca. Tenía el talento innato y la técnica la mejoraba con el paso de los meses. Algunos de sus compañeros empezaron a llamarlo el “Rayo Hechalar”, gracias a la velocidad que mostraba en los partidos de los torneos de categorías inferiores que organizaba la Asociación de Fútbol Argentina.
Cuando cumplió 15 años, este cordobés recibió un llamado que cambiaría para siempre su vida. Gracias al talento que mostraba en los terrenos de juego, el entrenador Hugo Tocalli lo había convocado a la selección Argentina sub-17. “Estuve un año y medio en el proceso de la sub-17. Estuve bajo las órdenes de Hugo Tocalli y Miguel Tojo. Con ellos aprendí mucho, me formé como futbolista”, recuerda Hechalar sobre su paso por la albiceleste. “Me entrenaba con Ángel Di María y con Sergio Kun Agüero, que para esa época ya había debutado en primera división. Ambos eran unos fenómenos. Jugaban ping pong y cartas con el resto de los compañeros”, añade el volante de 26 años.
Además, este período le ayudó a Hechalar en su formación personal. Al respecto, el argentino recuerda que “al ser del interior me tocaba pasar largos períodos dentro del predio de Ezeiza. Otros compañeros podían salir y regresaban porque vivían en Buenos Aires”.
Sueño cumplido
Luego de completar los trabajos con la selección sub-17 de su país, Hechalar empezó a ser tenido en cuenta en el primer equipo de Belgrano. Su debut se dio en 2005, una temporada que no podrá olvidarse en el conjunto cordobés pues alcanzaron uno de sus tantos ascensos a primera división. Si bien no era titular habitual, disputó algunos partidos y dio puntadas de su buen fútbol. Los hinchas, la dirigencia y los compañeros veían en él a una verdadera promesa. Sus gambetas y desbordes gustaban y se esperaba que ayudara a mantener al equipo en la máxima categoría. Sin embargo, la presión que vivieron los jugadores y el cuerpo técnico fue enorme y al final del torneo vivieron el infierno del descenso. Hechalar continuó junto al primer equipo por tres años más, pero nunca pudo consolidar su juego.
Por eso, en 2009 decidió fichar por un club de la tercera división, el Centro Juventud Antoniana. Luego de una buena temporada y completar satisfactoriamente este reto, migró al Guaraní del fútbol paraguayo. Su misión era una sola: salir campeón. Si bien no alcanzó el primer lugar en esa temporada, dejó buenas sensaciones. El año siguiente sería el de su revancha y alcanzó el primer título de su carrera.
Con el sabor del campeonato aún latente, Hernán decidió retornar a su país y probar suerte nuevamente en las divisiones de ascenso. La expedición en equipos de menor valía duró tres temporadas, hasta que un empresario le recomendó una liga de un país que no conocía mucho, Colombia.
Hechalar tomó el riesgo y llegó al Atlético Huila en 2014. Rápidamente se convirtió en figura del conjunto opita y del torneo colombiano. Durante los dos semestres que estuvo en esta institución marcó 13 goles de gran factura y contra grandes rivales como Atlético Nacional e Independiente Medellín.
Precisamente el equipo rojo antioqueño se fijó en su efectivo y peligroso juego y lo contrató para el primer semestre de 2015. Los frutos llegaron antes de lo esperado y en tan sólo cinco meses ya está disputando la final de la Liga Águila y la posibilidad de entregarle al DIM su sexta estrella.
“Hay que disfrutar esta final, es un momento único, quiero que se quede en mi corazón y en el de toda la hinchada. Voy a dar mi vida en estos noventa minutos que se vienen para poder ganar el título. Que no le quepa duda a nadie”, dice Hechalar, un verdadero mago a la hora de hacer trucos con el balón.
Roa y sus luchas contra la comodidad
Tiene 22 años, pocos partidos en primera división. Claro que cuando el balón está en sus pies, lo conduce como si fuera un tiempista veterano. El no ser titular lo estaba desesperando, pues desde niño siempre ha sido figura en los equipos en que ha estado y ese lugar lo quería tener en el Deportivo Cali. Desde cuando Fernando El Pecoso Castro le dio la oportunidad de ser el 10 del equipo, ha crecido y ha llamado la atención por su calidad. Ya fue campeón de la B, cuando ascendió con Uniautónoma a la primera categoría. Espera ganar esta noche su primera estrella y emular los pasos de grandes campeones que han sido sus ídolos desde que tuvo la idea de ser futbolista.
Carlos Roa tenía el sueño de llegar a ser futbolista profesional. Jugaba desde pequeño en el colegio y marcaba diferencia. Sin embargo, sus padres no lo apoyaron y por eso terminó cambiando el fútbol por la pedagogía. Estudió para ser profesor y a los pocos años se graduó y comenzó a trabajar en un colegio de Sabanalarga, Atlántico. Cuando se casó con Samira Estrada e iba a tener su primogénito, pensó en el día en el que sus padres le cerraron las puertas para cumplir su sueño y prometió no hacer lo mismo con su hijo Andrés Felipe. Dos años después nació Juan Camilo y a los pocos meses el plan era salir a patear balones a las calles del pueblo con ellos.
Al ver el talento, los metió a una escuelita llamada Fausto Castro, en donde compartieron durante tres años con otros niños. Luego, Carlos tuvo la idea de formar una escuela en Sabanalarga con el objetivo de tener futbolistas profesionales en el futuro de ese municipio y ahí creó Acefusa. Sus hijos eran los consentidos del equipo, pero también los que mejor jugaban. Andrés Felipe tenía once años y Juan Camilo ocho cuando fueron a representar a Sabanalarga en un torneo organizado por la Liga del Atlántico.
“Mucho gusto —dijo Agustín Garizábalo, veedor del Deportivo Cali en la costa—. Esos dos pelaos que jugaron tan bien me interesan. Lo único que le pido es que los lleve a donde un nutricionista y un deportólogo para que les hagan un plan de alimentación. Están como flaquitos”.
A los cuatro años, tras un seguimiento silencioso, Agustín volvió a acercarse a Carlos y le comentó que su hijo Andrés Felipe estaba jugando muy bien, que había ganado masa muscular y eso le estaba dando un plus. Ese mismo día por la noche Garizábalo fue hasta la casa de la familia Roa en Sabanalarga y le dijo a Andrés Felipe que si quería irse a prueba al Cali. “La invitación llegó en un momento justo. Yo ya estaba viendo un panorama oscuro en mi futuro como futbolista, porque veía que no tenía muchas oportunidades de llegar a un club y por eso había pensado en matricularme en la universidad para estudiar medicina, una vez acabara el bachillerato”, recuerda Andrés Felipe, quien a pesar de la buena noticia, ahí comenzaría el sufrimiento para cumplir su sueño.
Una vez llegó a Cali para entrenar en las divisiones menores del cuadro azucarero, el técnico que lo recibió fue Rubén Carabalí, una persona extremadamente exigente. Andrés, acostumbrado a ser el capitán del equipo de su padre, el consentido y quien hacía “lo que le daba la gana”, tuvo que aprender a ser uno más. No le gustaba correr mucho, cuando perdía balones en ataque no se preocupaba por recuperar, sino que se quedaba parado esperando a que volvieran a recuperar la posesión sus compañeros. Tuvo que aprender a incorporar un nuevo estilo de juego y eso no fue fácil.
Su debut como profesional sería en la segunda división, pues Universidad Autónoma del Caribe solicitó el préstamo del jugador para buscar el ascenso. Allí aprendió a trabajar para el equipo, a meter y sudar. Su técnico fue Willy Rodríguez, quien una vez subió a la A no pudo retenerlo porque el Cali lo pidió de vuelta. Claro que en plena pretemporada con el equipo vallecaucano tuvo un encontrón con el entonces técnico Héctor Cárdenas, quien lo sacó de concentración. Fue en ese momento cuando fue prestado al Unión Magdalena para nuevamente disputar el torneo de ascenso. “Fueron momentos difíciles, pero en los que aprendí mucho y comencé a valorar cosas que antes no notaba”, le confiesa Andrés Felipe a El Espectador.
Al regresar al Cali, el técnico ya era El Pecoso Castro, una persona que cree ciento por ciento en los procesos con juveniles, y eso fue fundamental para ganarse un lugar en la plantilla. El manizaleño tuvo en cuenta a Andrés Felipe por encima de experimentados como Luis Fernando Mosquera y el paraguayo David Mendieta. Aunque su debut no fue el deseado y recibió tarjeta roja tras agredir al técnico de Alianza Petrolera e incluso fue catalogado como el “Zidane colombiano”, no por su talento sino por lo del cabezazo, regresó tras seis fechas y se volvió figura del equipo que esta noche espera conseguir su novena estrella en la Liga. “Ha llegado el momento de cosechar. Lo que sembré en mi hijo está dando frutos. Él se ha creído el cuento y hoy está viviendo su sueño. La novena para el Cali es lo que pedimos a Dios”, concluye Carlos, el orgulloso padre de Andrés Felipe.
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